Apple siempre presume de innovación, pero con el iPhone 17 la jugada genera dudas. Tras vendernos el acero inoxidable como símbolo de lujo y el titanio como material “revolucionario”, ahora la compañía regresa al aluminio.
El aluminio tiene algunas ventajas: es ligero, barato y fácil de reciclar. Apple lo vende como un paso hacia la sostenibilidad y la comodidad en mano. Pero no podemos obviar lo obvio: es menos resistente que el titanio y transmite una sensación menos “premium”.
¿El problema? Que este cambio parece responder más a la reducción de costes que a la innovación real. Y aunque el usuario gana en ligereza, pierde en durabilidad y en la exclusividad que Apple tanto presume en su marketing, además de que el precio del teléfono no ha bajado pese a desmejorar el material.
El aluminio tiene algunas ventajas: es ligero, barato y fácil de reciclar. Apple lo vende como un paso hacia la sostenibilidad y la comodidad en mano. Pero no podemos obviar lo obvio: es menos resistente que el titanio y transmite una sensación menos “premium”.
¿El problema? Que este cambio parece responder más a la reducción de costes que a la innovación real. Y aunque el usuario gana en ligereza, pierde en durabilidad y en la exclusividad que Apple tanto presume en su marketing, además de que el precio del teléfono no ha bajado pese a desmejorar el material.
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